jueves, 16 de mayo de 2019

Música de ambiente

Hoy no he perdido a nadie, ni se han despedido absolutamente. Tampoco he sido yo la que he roto algo o me he olvidado de alguien. No me duele alguna ausencia, es más, creo que lo contrario es lo que me afecta. Pero tampoco quiero personificarlo como si hablase de alguien más, porque no lo hago, estoy únicamente intentando descifrar que es lo que quiere decir "hoy".

Me he levantado como de costumbre los jueves, dándome excesivas vueltas en la cama, despidiéndome de cada centímetro de ella antes de abandonarla por extensas horas rutinarias. Que ganas y deseos de descanso, donde se percibe la fragilidad de la respiración como si fuese música de ambiente.

Pero no es es el sonido que percibo, las ondas acústicas toman forma de una secuencia repetitiva y superflua, que intenta transmitir demasiado pero realmente le entiendo muy poco, y mi oído se des-concentra de la misma forma que la visión se pierde y desenfoca cuando no parpadeamos por demasiado tiempo. El sonido es más como un zumbido, del que no rescato nada más que el asalto del preciado silencio.

Lo intento, lo juro que lo intento... mantener el hilo de la concentración para transformar aquella vibración acústica en algo más que solo deformes palabras y por segundos casi logro entenderlo, pero el ruido mental es aún más alto y nuevamente me pierdo en lo lejano que se encuentra el sentido de aquellas desarticuladas frases.

Entonces llego aquí (una vez más) y creo que cada vez vuelvo para quedarme por más tiempo, aunque puede ser que realmente no tenga nada que decir. Busco con esperanza entre las letras alguna conexión, incluso metafórica, para perderme en la fluidez de las palabras que se abrazan prudentemente dándole algo de orden a lo que digo.

No suelo escribir en primera persona, o tal vez si pero ya no me acuerdo, pero creo que hoy, jueves de paseo matutino por el rincón más cómodo de mi habitación, ameritaba reconocerme como "yo".

Entre las líneas que he leído estos días, se impregna en mi retina (y estoy segura que algún otro lugar más) la palabra dolor, no porque lo sienta en exceso, o porque jamás lo haya conocido, ni porque me fascine o desagrade, si no por la sutileza con el que busca ser parte de algún texto.

Creo que no alcanzarían las palabras para definirlo en su totalidad, porque creo que cada vez queda el beneficio de la duda en el final de sus definiciones como si su significancia fuese a depender más de las personas que de las palabras ¿y esto por qué?

Porque creo que trasciende y escapa de la limitación de las palabras selectas de un diccionario, o de la alta comprensión de múltiples intelectuales sobre lo que se entiende por el. Se permiten los puntos suspensivos para que quien quiera pueda crear grandes letras de aquellos minúsculos trazos y levantar grandes explicaciones, como largos árboles, con respecto a su propia percepción de este ambiguo concepto.

Sería egoísmo demarcarlo puntualmente para que su entendido fuese universal y traspasara los limites culturales, creo que este individualismo que lo caracteriza lo hace aún más humano y tampoco pudiese ser imaginario, porque aunque no sea tangible, es demasiado evidente cuando se encuentra entre nosotros.

Sigo pensando que con todo lo que pudiese decir con respecto a el, aún seguiría siendo poco y estaría ignorando múltiples experiencias que podrían enriquecer lo que este simboliza, pero vuelvo a aquellos puntos suspensivos que alcanzan el tentativo final de sus múltiples comprensiones para quien quiera, incluyéndome, pueda abrazarlos como si fuesen boyas sobre la playa que notifican la inmensa e infinita profundidad que se avecina.

Tal vez jamás sepa en su totalidad que tan profundo puede llegar a ser, ni cuanto tiempo perduran las replicas del brusco impacto que ocasiona en nuestro interior, pero conviene hacer al menos una afirmación entre la amplia variedad de dudas que su existencia suscita.

Nos visita, de vez en cuando, de manera imprevista y creo que esto es lo que consagra fijamente una de sus múltiples características, el impacto que su espontaneidad genera, nos deja un amargo sabor en en la garganta, el pecho y creo, que casi todo el resto de nuestro cuerpo. Recorre cada fibra, como si fuese un escalofrió y entumece las zonas que cada quien se conoce como débiles. Y permanece ahí, mas o menos oculto, generando un campo reactivo en toda nuestra existencia, que nos mantiene confundidos y a la vez alerta.

La confusión emana de la perdida del transcurso real del tiempo, ¿es que acaso realmente avanza más lento? ¿o es solo el dolor?

¿Podría realmente decir que es "solo el dolor"? o sería, en este caso, restarle demasiada importancia a lo que realmente es... incluso para algo tan incierto, es conveniente dejar algo de imaginación para visualizar lo que realmente ocasiona en nosotros... o en el reloj, porque verdaderamente y estoy casi segura, de que trazan un acuerdo, que es inversamente proporcional en cuanto aumenta la intensidad de uno, disminuye la velocidad del otro. Entiéndase personalmente cual respecta a cada uno...

Pero si hablamos de la alerta, es algo que se prolonga indefinida y podría decir casi infinita en nuestras próximas hojas, porque una vez que casi conocemos el propio significado de esta difusa palabra, tememos, tal vez a diario o de vez en cuando, tener que entender nuevamente, de que realmente se trata.


1 comentario:

Unknown dijo...

Siempre que escribes me emociona leerte. Admiro tu capacidad de expresar con palabras sentimientos, pensamientos y emociones que a veces estan tan escondidas. Estoy muy orgullosa que seas as. Te quiero.