miércoles, 8 de mayo de 2019

ANISHKA


Anishka no voltea cuando se despide, pues ya le ha costado bastante llegar hasta ese entonces y ha decidido que por precaución, es mejor no hacerlo. Con el tiempo ha aprendido a distinguir las distintas tonalidades de las hojas de otoño, a pesar de su similitud con las losas que cubren el callejón teñido de frio de la estación.  De vez en cuando compra helado, aunque el resto la mire raro, pues ya tiene suficientemente adormecidos los labios, curtidos por el viento y desteñidos por la temprana oscuridad del entonces, invierno. Se mueve sin cuidado, olvidándose de todos los relieves que desordenan el pavimento, tropezando varias veces, como si tuviese gracia para hacerlo o más bien, suficiente práctica. Sé que disto bastante de un relato fluido que pueda salpicar al menos un sector de lo que significa ser Anishka y rodearse de ella, pero es que va tan rápido que no existen hilos conductores entre las palabras que se enhebren tan rápido como para seguirle el rastro, como si se alejara del alcance de una descripción, porque creo que considera mejor la imprecisión, deslizándose en la libertad de lo desconocido para terminar muy lejos de todos nosotros. Se posa en los tejados, en la solera y en el cableado, pretende que vuela alto y se aleja demasiado y la perdemos, no podemos evitar seguir perdiéndola, porque en el constante vaivén de sí misma, desaparece cada vez un poco más. Estalla tal como la marea que abraza al sol, y salpica con sus llamas quienes orbitan cerca de ella, generando daño es sus capas e hiriendo la superficie, quedan agujeros de aquellos destellos que perforan las tierras ajenas y Aniskha simplemente sigue andando por el cielo sin percatarse del rastro que deja su trayecto. Es como si arrastrase una estela que se difumina en todas las direcciones, con partículas altamente radioactivas que dejan heridas. Otro porcentaje de estas moléculas brilla extensamente sobre todo lo que alguna vez fue oscuro, llegando a inducirnos al borde del olvido y por poco nos empuja, volvemos a creer, volvemos a caer. Pero ella ya no cae, solo se mantiene, a distintos niveles del suelo, en ocasiones tan lejana que incluso lo echa de menos, pero esto es breve, porque su distancia es veloz y aquella velocidad estimula la adrenalina, quien inunda la mente y nubla la memoria. Entonces, cada cierto tiempo, Anishka se ahoga, en su mismo olvido, y es que no recuerda todo lo que ha hecho, no sé si por miedo o porque es bastante inteligente y claramente, lo estima conveniente y corta todas las flores que a ella pertenecen y han intentado crecer sobre sus pastizales durante el breve periodo en el que se ha quedado quieta sumergida en las aguas de aquel embobamiento. Expulsa abruptamente los colores que cubren los pequeños vestidos de la primavera y esta queda desnuda, sin siquiera su propia pena, por lo que rápidamente se marcha y tal como Aniskha le ha enseñado, no retorna siquiera la vista para despedirse. Es cruda, de extremos, le incomodan los términos medios, es por eso que varía de un extremo temperamental a otro, sin dudarlo, ni siquiera pensarlo. Todo lo que siente es calor o frío, de manera exacerbada, generando permanentes conflictos entre las estaciones, que piden un poco más de tiempo para cada una (porfavor). Se vuelve fogón, consume todo el carbón y su interior se vuelve un poco más negro, marcado por la ceniza que baja junto a las palabras que no se permite pronunciar y le han recomendado más de una vez que debe callar. Se mantiene en un silencio abrasador, que la consume y quema por dentro, exhalando humo al respirar, su interior se comienza a rebalsar y la lava a la cima del volcán pretende llegar. Nadie sabe realmente cuando va a estallar, quienes la rodean corren en todas las direcciones para lograrse cubrir o proteger un poco de esta catástrofe más o menos natural, no entendemos realmente cuando esto puntualmente comenzó a pasar, solo hemos visto el cambio radical que ha diferenciado a Anishka de lo que todos conocíamos. Ha dejado algunas de sus partes escondidas por la ciudad, no sé si a la espera de que alguien las vuelva a encontrar o como manera de ofrenda por si alguien las fuese a necesitar. Creo que se ha quedado con las más rotas, porque prefiere acabar por quebrarlas completamente que trizar un cristal que aún se percibe transparente, por lo que ha escondido estas piezas muy bien de sí misma, para que perdidas por el espacio urbano que la hunde, tomen mejores rutas y caminos para llegar a los lugares que no logró alcanzar. Aniskha da vuelta por las mismas zonas, pretendiendo cambiar o abandonar, no se sobre su preferencia por cual. Ya no espero que se detenga, ni mucho menos que ella se quisiese sanar, solo pretendo que se mantenga un poco quieta, en un lugar en el que al menos, siempre la vuelva a encontrar.

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