Estaba viendo como caía la arena sobre la playa,
me llamó la atención de que forma los granitos completaban todo el espacio
Se perdían en el mar, emperadores de ese espacio.
Me molestaba no poder contarlos,
más me molestaba no saber contar,
asique me compré un libro acerca de números y comencé a aprender hasta este entonces.
Desde que los vi quise saber exactamente cuantos eran,
entendí que podían tener otras aspiraciones marítimas
y que yo no sabía nada de navegación y barcos
los estaba reteniendo por la curiosidad que tenía acerca de aquel lugar.
Quizás los granitos habían pasado por muchas manos,
algunas fuertes, otras rígidas,
pocas fueron suaves,
la arena se encontraba lastimada y yo le estaba abriendo viejas heridas con mi fijación por hacerlas matemáticas,
Les empecé a tener paciencia,
permanecían en silencio
yo no sabía exactamente quienes habían transitado por la playa
entonces los recuerdos podían nublarles la vista y
querían su propio tiempo.
La misma playita no era más que un inmenso espejo cristalino,
me estaba mostrando mi propio reflejo
de los números que quise aprender eran propios
al final todo el cuento se trataba de mi misma
la arena simplemente quería disponerse para que me recostara sobre ella y no con ella,
a pensar en mi.
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