martes, 24 de noviembre de 2020

Planes

 Generalmente descansamos en una especie de sustento prolongado en el tiempo de acorde a lo que más queremos, actualmente. Pero nada, lamentablemente, perdura tan infinitamente y constantemente la hora deja de ser la que acabamos de ver y todo se comienza a deshacer. Quedan pedazos, pequeños retazos, de las hojas en las que escribimos todo aquello que pensamos como cierto, pero la verdad cada vez se ha hecho algo más personal y lamentablemente nos hemos construido de cristal. Admiro desde lejos la facilidad que tiene el resto para desprenderse, los miro y contemplo, lo siento tan adverso. ¿Dónde aprendieron esa facilidad para deshacerse de lo que comienza a ser, de manera imperceptible, molesto?
Tal vez el umbral del dolor ha excedido niveles bastante altos, y uno resiste antes de abandonar porque los golpes te han puesto de tal manera que puedes recibir un par más, cuesta sentenciar el caso como perdido y en el intento por rescatarlo olvidamos el retorno y nos vemos inmensamente sumergidos en lo ambiguo de la duda.
De vez en cuando la prosa carece de sentido, el hilo no es continuo y simplemente divago en las diversas islas que flotan en la mente, pero suelen parecer excesivamente distantes, porque se pierden entre sí y ya no hay abrazos ni cohesiones en mi cabeza, solo dispersas nociones de lo que se está convirtiendo en la nueva realidad.
Lamento tantas cosas y no dejo de cansarme de buscar algún refugio, pero ya nada parece poder protegerme y me he mantenido demasiado tiempo con la guardia baja y cuesta comenzar a levantar las armas. Quisiera la anulación de esta guerra solitaria, puesto ni siquiera existe realmente un rival, es la nueva adaptación de lo que uno es y tiene, a la fuerza, que dejar de ser. 
Podría escribirme millones de cartas, con destinatario yo misma, para recordarme a cada momento de que se trata todo esto, pero realmente no estoy segura y creo, que todas las cartas se tratarían de algo diferente. 
Debería existir un orden, pero  nada de esto ya es lineal y parece una especie de consuelo el tiempo transcurrido, mientras yo estoy aquí, confundida entre su ausencia y lejanía y la inserción de los distintos segundos, casi no quiero recibirlos, pero mayormente se trata de aceptarlo sin protestar porque no hay ningún buzón abierto para las sugerencias.

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