Resulta extraño, en cierto punto, cuando sentimos que escalamos, detenernos, porque simplemente parece ser lo que se debe hacer. De pronto el cuerpo se cansa, se detiene, respira y entiende, creo que es suficiente. No se trata de lo que estamos viendo, escuchando o simplemente aquello que nos está rogando, algo ya dejó de andar, se queda quieto, se torna tan extraño que lo que nos hizo correr, hoy nos haga no querer, avanzar más, me quiero quiero quedar por un momento en este lugar. La frialdad recorre nuestra alma y la lógica nos trae calma, la emocionalidad se ha hecho distante, parece que la claridad se apodera de este nuevo instante. Es increíble como aquello imposible se hace comprensible y lo que parecía extremadamente doloroso hoy quiere abrir las puertas. Pero, ¿por qué tardaron tanto en estar abiertas? quería tenerlas cerradas, con llave, nada del mundo, por favor, pudiese abrirlas, pero lamentablemente se abren, se liberan, su madera ha crujido demasiado y ya no hay distracción suficiente para colocar nuestro sentido en otro lado. Siento que ya no puedo huir hacia ningún lado. La cama se siente inmensa, pero ya no es desolador estar en ella, hay muchos lugares para pensar y aclarar. Encajar las piezas, hacerlas más eternas esta vez, armar una especie de rompecabezas propio, de uno mismo. Y ya no me quedo pegada solo en la conversación, ya no suena la misma canción, se esta actualmente todo moviendo y ya no puedo, por más quiera, detenerlo y pareciese que tampoco estoy intentando hacerlo
No hay comentarios:
Publicar un comentario