viernes, 19 de junio de 2020

repentino

De forma repentina, la música que ambienta las fiestas que das lugar en tu mente empieza a desaparecer lentamente, el volumen se va. Aquellas imagenes que te distraen de la abrumante realidad comienzan a diluirse de tus pensamientos y no hay nada a la mano que te permita escapar nuevamente. Entonces quedamos de frente con lo que sucede, no hay atajos ni acertijos que nos puedan mantener lo suficientemente ocupados o que parezcan inyecciones veloces de tiempo, todo se vuelve normalmente lento. Su transcurso llega a pesarnos en el cuerpo, la carga es cada vez más alta y el rígido suelo bajo nuestras piernas se vuelve arena espesa sobre la que avanzamos a ciegas, el aire se convierte en una corriente marina que empuja en contra de nuestros pasos y cada vez tiene menos sentido avanzar, cuesta demasiado. No es un acta de rendición, ni un intento por quedarme quieta, simplemente aveces todo se torna excesivamente difícil, como si incluso respirar se convirtiese en algo aburrido. Nos evaporamos únicamente al dormir, todo esto suena demasiado triste, no pretendo infringir lástima, más bien es simplemente la perspectiva de un viernes por la tarde tras buscar por toda la casa un lugar en el que distraerme. No lo hay. La mayoría del tiempo está, tiene forma del agua caliente que tiñe el café, o de los extravagantes títulos de una película que ni siquiera entiendo, porque dentro de su avance retrocedo y me encuentro en el mismo lugar que ocuparía al no estar haciendo nada. La cama se hace inmensa, perfecta para dar millones de vueltas y en ninguna de ellas logro sentirme cómoda, de todas formas caigo al sueño sin saber de que forma realmente quiero hacerlo, es como una especie de combate en la que no recuerdo quien es el ganador. De todas maneras, al otro día despierto como menos pensé que había acabado, nadie puede contarme respecto de la noche. Pasa a la cómoda de los millones de misterios que viajan por el universo, en el techo de mi habitación, que aún en su oscuridad se vuelve infinitamente atractivo, ¿cómo es posible que despierte tanto mi curiosidad? aquí existe un potencial candidato para las peleas nocturnas. Aveces me salto letras, las palabras se enfadan conmigo, como puedo emplearlas de esa forma, después de todo lo que han hecho por mi. Confieso en este momento que realmente me cuesta introducir los signos de interrogación, considero tan sublime la distancia entre una duda y la afirmación, que creo que los signos la hacen evidente, arrebatando toda la sutileza del tierno viaje entre una y otra, sin percibir en que momento cambiamos de lugar.
De todas maneras la música dejo de sonar hace bastante, pero uno intenta seguir bailando, mueve las ideas de un lado hacia otro, como si eso nos hiciera más liviana la existencia, re-ordeno todo el día los mismos libros de mi propia biblioteca, tal vez si veo los títulos acomodados de una manera diferente puede que surjan nuevas historias, que se despierten nuevas sensaciones, experimentar sentimientos diferentes, cambiar un poco el ritmo del día. Entonces esta se convierte en mi nueva distracción, una especie de pasatiempo, tirar todos los libros del estante al suelo. Me apena aveces darle ese trato, creo que es parte de ser demasiado duro con uno mismo, como si nos castigáramos repasando obsesivamente cada idea que cruza nuestra mente, para ver si podemos sacar algo más de ellas, nuevas y distintas ramas que engrosen el árbol, para que este no sea tan débil cuando caigan sus hojas, para tener ganas de mirarlo incluso en el otoño. Es aveces, casi necesario, llenarnos de palabras, preparándonos para los futuros silencios, en donde añoramos haber pensado más para en aquel momento tener algo en lo que perdernos. ¿O tu te encuentras en la total ausencia de sonidos? debo admitir que en ciertas ocasiones me desespera, en otras me calma y generalmente me altera. No es malo, jamás lo ha sido, de hecho, la mayor parte del tiempo en el que no veo a nadie me mantengo en este estado, sin percibirlo, el problema es cuando lo hago. Su abismal presencia me empequeñece y me dan ganas de arrebatar las palabras como infantilmente le quitamos los pétalos a una flor para encontrar una cerrada respuesta. La cuestión es, que de esta manera lo hacemos más obsoleto y las palabras toman aún más distancia.
Todo se resume a este estado en el que estamos, en el que estoy, en el que no quisiera estar, donde se acabo el baile, el desorden, el problema y las ideas. Cuando tu energía vital se paraliza y por un par de minutos, eres tú con tu frágil respiración, sigues vivo. Peto el mundo ya no anda, no gira ni se aleja o aproxima, está quieto. Todo se vuelve estático, tu alma se paraliza para luego desparramarse sobre todo tu cuerpo y sientes como el calor de su existencia adormece cada miembro, poco a poco te comienzas a relajar, aunque el sentido sea escaso y las razones inexistentes, te encuentras ahí, en medio de la nada, existiendo, acompañado de ti mismo.

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