Se paraba todos los días a mirar por la ventana, tanto tiempo como la velocidad de la rutina se lo permitía, entonces, en ese breve instante se podía dar cuenta de la deplorable situación de su jardín, lo abandonado que estaba, simplemente contemplarlo bastaba para sentirse solo. A pesar de lo destrozado que se encontraba, seguía con la fidelidad de siempre a la entrada de su casa, paciente, por si algún se diera la oportunidad en que aquellos ojos, fueran mas que un foco, para convertirse en manos enterradas en la tierra, impregnadas de barro y heridas por malezas. Pero ese día, el jardín tuvo que aguardar una vez más, porque el espectador como era tradición y estaba estructurado, aparto la vista, anulando la pausa, dirigió su camino hacia otro lado y el reflejo se alejó junto con el del espejo
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