Muchas veces, te sientas a escribir, me siento a escribir, pero aquellas palabras, no salen de ahí
Aveces buscamos un incógnito destinatario, o alguien lo suficientemente específico como para desahogarnos. Dibujamos líneas repletas de letras en una larga hoja en blanco, pero, ¿qué pasa que jamás la enviamos?.
De vez en cuando dejamos sin final el mensaje, o lo terminamos de forma dramática o drástica, siendo lo bastante determinado como para que algún día te llegasen a responder. O en otras ocasiones, dejamos el final de una manera indecisa, puesto que casi podemos sentir como se plantearian aquella pregunta. final al leerla.
Sea como sea, jamás enviamos esa carta, e incluso, jamás nos la enviamos. Porque como es posible que sea para alguien más, también disfrazamos de remitente a alguien más solo para no aceptar que nos escribimos a nosotros mismos.
"No entiendo por qué lo hiciste" también puede significar "no entiendo por qué lo hice".
Nos reprendemos en aquellas notas y guardamos en un sobre como un secreto todo el razonamiento sobre algo que ocurrió. Puede ser que el mejor lugar para eso sea, atrás. A donde pertenece, el "pasado"
Entonces, porqué la intención de reescribir la misma historia, si no cambiara su final al volver a contarla ni menos, al jamás enviarla.
Pero quizás es por eso, porque no le pertenece a nadie más y porque aveces hay cosas que vale la pena recordar.
Estoy segura de que si algo le pertenece a alguien más, le llegará. De una una u otra forma, como nota, escrito, postal.
Porque hay cosas que tenemos adentro, y las hemos tenido bastante tiempo, que esperan la manera indicada para salir y puede ser que eso signifique no enviar una carta. Muchas
veces escribí, te escribí, me escribí, pero jamás lo envíe, y espero ahora, poder enviarte todas las cartas que te guardé. Espero que las leas, que yo las lea, que las leamos.
Espero, no, no espero, quiero que todas esas cartas, lleguen a ti.

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